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Trastornos de ansiedad

La ansiedad es una emoción natural y buena en el ser humano. Básicamente es la reacción afectiva que generamos cuando nuestro cerebro se enfoca en el futuro (cercano o lejano) y trata de anticiparlo y prepararse para el mismo. Como todo fenómeno de nuestra afectividad más primaria, la ansiedad moviliza a que nuestro sistema nervioso central libere una serie de neurotransmisores y hormonas que preparan nuestro cuerpo para ese futuro que estamos anticipando.

Sin embargo, como todo en nosotros, la ansiedad puede “enfermarse”. Entonces el futuro no es algo que sólo tratamos de prever, sino que nos obsesiona. Nos ponemos nerviosos, nos agitamos emocional y físicamente, y fisiológicamente generamos un “tsunami” neuroquímico que nos empieza a disponer a una catástrofe que jamás sucede.

Intentamos escudriñar ese futuro incierto, lo vivimos como una amenaza, nos desconectamos del presente y nos vamos intoxicando a nosotros mismos sin ser conscientes de ello. Y nos intoxicamos, porque todo el torrente fisiológico que desatamos no es aplicado en ninguna acción concreta y queda circulando en nuestra sangre sin otro destino que hacernos sentir cada vez peor.

Cuando estas situaciones de trastornos de ansiedad se van profundizando aparecen los conocidos ataques de pánico. En ellos, todo nuestro organismo (psíquico y físico) entra en un estado de alerta máxima, tenemos miedos cada vez más irracionales, un temor horrible de que podemos morirnos en cualquier momento, y toda nuestra vida puede quedar alterada.

En estados más crónicos, la ansiedad se transforma en una patología del estrés. Allí ya nos bajan las defensas de nuestro organismo (pudiendo contraer distintas enfermedades físicas), se ven comprometidos nuestros procesos neurocognitivos y vivimos de una manera profundamente displacentera.

 

 

Todo esto se puede prevenir, minimizar y reordenar. Hace falta tiempo, paciencia y adoptar las conductas terapéuticas necesarias. La psicoterapia es el aliado principal en estos procesos. Es un espacio donde ir conociéndonos y entendiendo lo que nos pasa; no nos estamos volviendo locos, ni mucho menos, pero necesitamos una “cabeza auxiliar” que nos ayude a fijarnos metas posibles y que promuevan cambios de fondo en nuestro sistema de vida. No es algo para “volver a ser los de antes” porque justamente en cómo “éramos antes” (en cómo pensábamos, sentíamos y procesábamos la información) están las raíces de “lo que nos pasa ahora”. Es una apuesta de cambio permanente y de fondo.

Los psicofármacos también son un método auxiliar muy eficaz; hoy se cuenta con una generación muy avanzada de ansiolíticos y antidepresivos que pueden hacernos mucho más llevaderos los procesos psicoterapéuticos para ir sanando la ansiedad y el estrés. Como es lógico, esta medicación siempre tiene que ser evaluada, administrada y seguida por un psiquiatra.

Las prácticas de meditación, como el Mindfulness, son otro elemento de ayuda extraordinaria. Son de muy fácil aprendizaje y sólo requieren de una firme decisión y constancia en la práctica. Están al alcance de cualquier persona y aportan muchísimo en el autoconocimiento y la posibilidad de gobernar nuestros estados anímicos. Nos ayudan a identificar nuestras respuestas automáticas y a ser conscientes de cómo las mismas pueden llevarnos a estados de ansiedad graves; al mismo tiempo, nos dan herramientas concretas para ir generando nuevos hábitos cerebrales que hagan nuestra vida más placentera. Al igual que las psicoterapias, el Mindfulness apunta a generar cambios permanentes en nuestra forma de vida.

Con todos esos instrumentos, la ansiedad podrá volver a niveles tolerables y buenos. Lo importante es no librar solos esa batalla porque, muy probablemente, no tengamos demasiado éxito y paguemos costos excesivos e innecesarios. Justamente, muchas veces las patologías de la ansiedad empiezan a construirse en la certeza de que tenemos que poder con todo, que tenemos que poder solos, y que todo lo tenemos que hacer bien.

Que el 2020 sea un año para empezar a desterrar esas certezas omnipotentes que sólo nos enferman. No hay nada más bello que el dejarnos acompañar y ayudar cuando nos encontramos con un límite.

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