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Apuntes sobre el estrés...

El Dr. Daniel López Rosetti caracteriza al estrés como la epidemia del siglo XXI. A partir de la lectura de su libro, les propongo realizar un recorrido sobre el tema para conocer los mecanismos por los cuales surge el estrés. Y en una segunda entrega para reflexionar acerca de que podemos hacer frente al estrés.

 

¿QUÉ ES EL ESTRÉS?

El estrés es un mecanismo normal de nuestro organismo y tan antiguo como el hombre mismo. Cuando se habla genéricamente, se hace referencia al estrés malo, dañino o distrés. El estrés bueno se llama eutrés. Se entiende por estrés (distrés), aquella situación en la cual las demandas externas (sociales) o las demandas internas (psicológicas) superan nuestra capacidad de respuesta. Se condiciona así una alarma orgánica que actúa sobre el sistema nervioso, el cardiovascular, el endocrino y el inmunológico, provocando un desequilibrio psicofísico y la consecuente aparición de la enfermedad. El estrés crónico produce, con el tiempo, alteraciones emocionales, modificando la forma de responder ante el entorno y, en definitiva también desencadena todo el conjunto de síntomas y enfermedades atribuibles al estrés. El estrés es una condición de activación psicofísica, cuando es prolongada en el tiempo (estrés crónico), es incompatible con el bienestar y, en consecuencia con la salud y la felicidad.

La cadena del estrés se compone de eslabones o etapas más o menos consecutivas. La primera etapa se relaciona con las percepciones que, cuando son distorsionadas o erróneas, originan el inicio del proceso, a manera de gatillo. El segundo eslabón corresponde a los cambios de conductas y de hábitos que se hacen más o menos evidentes durante el estrés. El tercero es el de la aparición síntomas no vinculados con una enfermedad específica. El cuarto y último eslabón es el de la enfermedad, que se ve facilitado por el estrés y, de acuerdo con la predisposición genética, los factores ambientales, la alimentación y otros factores posibles, se contraerá tal o cual patología.

El estrés puede predisponer a enfermedades físicas como a enfermedades psíquicas. Entre las enfermedades físicas, las afecciones cardiovasculares (infarto, hipertensión arterial, ACV, hipercolesterolemia, taquicardia, etc.). Afecciones digestivas (aumento o disminución del apetito, acidez, diarrea y constipación, etc.). A nivel respiratorio (procesos alérgicos y el asma entre los principales). El estrés es responsable de disfunciones en nuestro sistema inmunológico. También puede producir alteraciones sexuales como la impotencia, eyaculación precoz y disminución del deseo. El estrés es causa de infertilidad. Los músculos se encuentran tensionados durante el estrés crónico (contracturas, dolores).

Por posibles frustraciones y decepciones, la competencia, las exigencias desproporcionadas, las problemáticas sociales, son fuente de estrés, tanto agudo como crónico. El trabajo ocupa un papel importante en nuestro desarrollo, es fuente de nuestra retribución económica; pero también en él buscamos nuestras satisfacciones y reconocimiento. El burnout es la situación de estrés en la cual, dada una alta exigencia enfrentada a una capacidad de respuesta disminuida, se termina por producir un síndrome de agotamiento, con repercusiones en el área emotiva, conductual y física.

El estrés y la alimentación se encuentran íntimamente relacionados. La ansiedad y la tensión nerviosa crean conductas compulsivas, una de ellas es la sobrealimentación. También el estrés y el nivel de energía se relacionan directamente. Es importante, entonces, percibir esa declinación de nuestra energía mediante la observación de los signos y síntomas del estrés. Por último el estrés y la depresión están relacionados. El estrés puede promover un estado depresivo o desencadenarlo en las personas predispuestas a ello.

El estrés disminuye la calidad de vida. El estrés y la felicidad no se llevan bien. Mejorar nuestro manejo del estrés nos permite acceder a una mejor calidad de vida y prevenir enfermedades. Un autoanálisis sincero permitirá determinar en cual o cuales áreas se encuentran nuestros déficit relativos y tomar conciencia de ello. Podemos, entonces, encaminar nuestras acciones en un intento de resolver nuestros problemas, reduciendo la posibilidad de aparición de estresores. 

 

¿QUÉ HACER FRENTE AL ESTRÉS?

El tratamiento del estrés es holístico, vale decir, integral. Esto implica que abarca simultáneamente todos los aspectos del ser humano entendiéndolo como un todo, el cuerpo y la mente, integrados conforman una unidad. En un tratamiento habrá que tener en cuenta, un abordaje médico, uno conductual o de hábitos y uno filosófico personal.

La actividad física es la respuesta biológica natural al estrés. Funciona como una válvula de escape, y a eso se debe que todo tratamiento antiestrés incluye un programa de actividad física. Junto con el ejercicio, la nutrición conforman los dos pilares que se sustentan el adecuado estado físico. Así el control del peso, la cantidad y la calidad de los alimentos serán muy importantes. Utilizar distintas técnicas de relajación, referidas a diversas prácticas respiratorias siendo la respiración abdominal la más eficiente y tiene efectos antiestrés. Técnicas de relajación muscular son una excelente herramienta para controlar el estrés. Son muy eficaces ya que logran sedación, tranquilidad, paz y armonía. Así también las técnicas de meditación promueven numerosos beneficios físicos y psicológicos. Disminuyendo la ansiedad y controlando la inestabilidad emocional. La visualización, técnica que se utiliza en la formación de imágenes mentales con el objeto de producir una sensación de paz y armonía.

Existen personalidades que son autogeneradoras de estrés. Personas muy competitivas, impacientes, agresivas, perfeccionistas y con fuerte sentido de la urgencia del tiempo. Analizar estas características para ver como contrarrestarlas expresando una mayor seguridad en uno mismo. Realizar cambios en la vida, en aspectos personales, en la casa, en el ámbito laboral y en actividades que promuevan placer y distracción. El “no” representa el remedio más directo contra muchas causas del estrés. Aprender a negarse con cortesía y sin culpa.

Respetar los ritmos propios, especialmente el del ciclo sueño – vigilia y la relación trabajo – descanso. Asegurarse dormir la cantidad de horas suficientes. Colocar un límite racional a las horas de trabajo. Organizar adecuadamente el tiempo. Ordenar prioridades. Planificar actividades, pero también preveer tiempo libre. Aprender a delegar.

Es importante rodearse de amigos y de afectos, porque esa actitud aumenta nuestra resistencia al estrés y evita los afectos indeseables de la soledad. El amor, una adecuada relación interpersonal, la comprensión y un proyecto común permiten generar las condiciones para establecer una situación antiestrés sumamente fuerte e insustituible.

En lo que respecta al manejo del estrés, es imprescindible conocer nuestra escala de valores y ajustar a ella nuestras actividades. En esta invitación al autoanálisis, tener en cuenta la espiritualidad, el tener una filosofía personal, con la cual ver que hace cada uno frente a las contingencias de la vida.

De más está decir que un proceso psicoterapeútico es de vital importancia para reflexionar acerca de cómo estoy viviendo y qué modificaciones puedo realizar. Sucede con frecuencia que nos damos cuenta de qué está funcionando mal, pero nos cuesta mucho revertirlo. Así, a través de la terapia, tener una mejor calidad de vida, manteniendo un adecuado nivel de estrés.

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