Orientación vocacional: la búsqueda de nuestra mejor versión


La palabra vocación proviene del latín y significa “llamado”. Se relaciona con las habilidades específicas y las capacidades que poseemos. Tiene en cuenta nuestros anhelos, nuestra cultura, nuestras creencias. Es una forma de expresar nuestra personalidad frente al mundo del trabajo, del estudio y en todos los ámbitos donde nos movemos. En este sentido, buscar nuestra vocación es descubrir quién soy, cómo soy, y hacia dónde quiero ir.


En este camino, el proceso de orientación vocacional nos puede ayudar a guiar esta tarea. Con una duración de entre 2 y 3 meses, según las necesidades de cada paciente, se proponen encuentros semanales en los que se trabajará sobre la historia educativa y laboral del paciente. Se realizan ejercicios para descubrir sus intereses, aptitudes, habilidades, e influencias que aparecen a la hora de elegir qué estudiar. Es un espacio para conocer y reflexionar sobre capacidades, valores y proyectos futuros. También nos permitirá replantearnos cuestiones vinculadas a las expectativas y fantasías respecto de lo que se espera de una carrera y/o trabajo y los compromisos que debemos estar dispuestos a asumir.


El proceso de orientación vocacional es personal y único. No importa la edad que tengas, el único requisito es que tengas ganas de animarte a vivir esta experiencia que te permitirá elegir la opción más acertada en el momento que estás viviendo.


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